Las idealizaciones que te mantienen enganchada a una persona: aprende a mirar los hechos


Una de las preguntas que más escucho es:

«Si esa persona me hizo tanto daño, ¿por qué sigo sintiendo que es el amor de mi vida?»

La respuesta casi nunca está en la otra persona.

Está en la historia que has construido sobre ella.

Cuando existe dependencia emocional, nuestra mente deja de relacionarse con los hechos y comienza a relacionarse con una versión idealizada de la realidad.

Dejamos de ver quién es la persona.

Empezamos a ver quién deseamos que sea.

Y esa diferencia puede mantenernos atrapados durante meses o incluso años.

¿Qué es una idealización?

Idealizar significa atribuirle a alguien cualidades, intenciones o posibilidades que no están respaldadas por la realidad.

Es construir una versión mental basada en deseos, expectativas o necesidades emocionales nuestras, más que en hechos.

No vemos a la persona como es.

Vemos la posibilidad de lo que podría llegar a ser.

Y nos enamoramos de esa posibilidad.

La mente completa los vacíos

Cuando una relación es intermitente, ambigua o llena de contradicciones, nuestra mente intenta darle sentido.

Empieza a justificar.

«Está confundido.»

«En el fondo sí me ama.»

«Está pasando un mal momento.»

«Cuando sane, todo cambiará.»

«Yo sé que él tiene un gran corazón.»

Sin darnos cuenta, dejamos de observar lo que ocurre y comenzamos a sostener una historia.

Los hechos siempre hablan más fuerte que las promesas

Pregúntate:

¿Qué ha hecho esta persona de manera constante?

No qué dice.

No lo que promete.

No lo que imaginas.

¿Qué ha hecho?

Los hechos muestran el nivel de compromiso, de responsabilidad y de disponibilidad emocional mucho mejor que cualquier discurso.

Una persona puede decir que te ama y, al mismo tiempo, desaparecer cada vez que surge un conflicto.

Puede prometer que cambiará durante años sin dar un solo paso real.

Puede decir que eres importante mientras sus acciones te hacen sentir invisible.

En una relación sana, las palabras y los hechos caminan en la misma dirección.

La idealización alimenta la esperanza

La esperanza no siempre es positiva.

Cuando está basada en hechos, impulsa el crecimiento.

Pero cuando está basada únicamente en deseos, puede convertirse en la cadena que impide avanzar.

Muchas personas no permanecen en una relación por lo que viven hoy.

Permanecen por la esperanza de lo que algún día podría suceder.

Esperan que la otra persona madure.

Que cambie.

Que se comprometa.

Que finalmente las elija.

Y mientras esperan, la vida sigue pasando.

Cómo comenzar a salir de la idealización

Quiero proponerte un ejercicio muy sencillo.

Toma una hoja y divídela en dos columnas.

Columna 1

La historia que me cuento.

Escribe todo aquello que crees sobre esa persona.

  • «Sé que me ama.»
  • «Va a cambiar.»
  • «Tiene miedo al compromiso.»
  • «Cuando resuelva sus problemas podremos estar juntos.»

Columna 2

Los hechos.

Ahora escribe únicamente aquello que realmente ha ocurrido.

  • Terminó la relación tres veces.
  • Desaparece durante días.
  • No cumple los acuerdos.
  • Evita hablar del futuro.
  • Solo aparece cuando siente que puede perderme.

No interpretes.

No justifiques.

No expliques.

Solo escribe hechos.

Muchas personas descubren que llevan años enamoradas de una versión imaginada y no de la relación que realmente están viviendo.

La autonomía emocional comienza cuando eliges mirar la realidad.

No para juzgar a la otra persona.

No para castigarte.

Sino para tomar decisiones desde la claridad y no desde la ilusión.

Porque el amor sano no necesita que inventes explicaciones para sostenerlo.

No necesita que justifiques constantemente aquello que te hace sufrir.

No necesita que cierres los ojos frente a la realidad.

Cuando empiezas a mirar los hechos con honestidad, algo cambia dentro de ti.

Dejas de relacionarte con la promesa.

Empiezas a relacionarte con la realidad.

Y es precisamente ahí donde comienza la libertad.

Porque solo cuando ves la relación tal como es, puedes decidir conscientemente si ese vínculo es realmente sano para ti.

Con cariño, Johanna Ojeda

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